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EL NUEVO PRESIDENTE

EL ÚLTIMO CRISTERO

CAPÍTULO DIEZ

EL NUEVO PRESIDENTE

charles-bronson-movie-actor-poster-cowboy-hat¿No vieron un burro pardo con una pata blanca tratando de molestar sexualmente a una burra flaca?—le preguntó Sóstenes a la gente en la orilla de la muchedumbre.

Los que lo escucharon lo miraron severamente y se alejaron meneando la cabeza.

Sin comprender la actitud, Sóstenes insistió:

¿No vido usté un burro tratando de convencer a una burra de tener sexo con él? —le preguntó a un hombre.

El_siete_mares_Luis_aguilar_76295526_thumbnailEl único burro que he visto este día es usted —le contestó el hombre fulminándolo con la mirada.

¿Qué? —explotó Sóstenes, confundido con la reacción que sus preguntas causaban.

0¿Cómo puede usted atreverse a blasfemar de esa manera acerca de Los Santos Animales? —le preguntó a Sóstenes una mujer que vendía jamoncillos—. ¡Debería darle vergüenza!

¿Qué? ¿De qué Santos Animales tá usté hablando? —preguntó Sóstenes—. Yo nomás les estoy preguntando que si no vieron un burro jalando un carretón y…

Eso yo sí lo vi —dijo un arriero.

¿Ónde puedo jallalo, oiga. El burro es mío.

No sé —contestó el hombre—. Si yo fuera usted, hablaría con las autoridades.

La respuesta confirmó los temores de Sóstenes. El pueblo sabía del tesoro.

¿Con quén puedo hablar, oiga?

VICENTE AL NATURALSígame —dijo el arriero—. Puede usted hablar con el Comandante. O, ¿sabe qué? Mejor hable con el presidente. Acabamos de elegir uno. Toda esta gente que ve usted aquí está esperando la ceremonia de inauguración.

Guió el hombre a Sóstenes hasta un enorme salón rectangular donde los únicos muebles que habían eran un escritorio de roble y una silla —ocupada ésta por el Comandante.

El nuevo Presidente estaba de pie, pero le costaba trabajo mantener el equilibrio porque una mujer con un mandil le flexionaba una pierna.

La Primera Dama estaba ya casi lista para la ceremonia de toma de poder; siete trenzas apretadas colgaban en el lado derecho de su cuello, y una flor de papel adornaba su oreja izquierda.

Un hombre joven en ropa ceñida, que parecía torero y se movía como señorita, tomó un espejo de la mesa plegable y lo detuvo frente al rostro de la Primera Dama.

¡Señora! —exclamó—. Dejo yo de llamarme Mireya si no es usted más hermosa que la constelación de Pegaso. ¿Creé usted que debemos rasurarle las piernas un poco a su esposa, Señor Presidente? — preguntó dirigiéndose al nuevo dignatario.

El presidente trató de morder a la mujer que le flexionaba la pierna, causando que ella saltara, tumbara el balde, y derramara el agua que estaba usando para limpiarle las piernas.

El Comandante meneó la cabeza y los dos maquilladores le dieron al nuevo Jefe De Estado una mirada de desaprobación. Pero su esposa, como la mayoría de las Primeras Damas de la historia, se quedó impasible, actuando como si el comportamiento de su esposo fuera normal.

¡Oh! ¡Mira lo que haz hecho, mi amor! —exclamó el manicurista, dirigiéndose al presidente—. Ahora voy a tener que mapear tu desfachatez.

PEPE AGUILAR¡Mapéalo y cállate! No pongas en tela de juicio las acciones del nuevo magistrado —ordenó el Comandante—. Las piernas de la Primera Dama no están tampoco tan peludas.

Después de detenerse brevemente en la puerta, Sóstenes se acercó al escritorio.

Quiero hablar con el Presidente— le dijo al Comandante.

Él es el presidente; hable con él todo lo que quiera— declaró el Comandante señalando a Plácido, cuya cola estaba ahora siendo peinada por la mujer del mandil, mientras que su esposa, la burra, devoraba su décima mazorca.

¿Qué? ¿Qué fregaos tá usté diciendo?

Lo que oyó, ciudadano. Estos dos representantes de la raza equina son nuestros nuevos gobernantes.

Procedió enseguida Sóstenes a presentarse y le contó al Comandante todo lo relativo al tesoro, omitiendo sólo el nombre de su tío y el lugar donde éste vivía.

El Comandante lo miró a los ojos.

Bueno —dijo firmemente—, conozco su fama y creo cada palabra que usted ha dicho, General Cuervo. Pero de cualquier manera no hay nada que yo pueda hacer. Un milagro es un milagro.

Pero… ¿cómo puede usté dicir eso? El burro es mío; la carreta es mía; el oro es mío…

CAMPESINOS ARMADOS MARCHANDO¡Sígame!—le ordenó el Comandante, guiándolo a la parte de atrás de la plaza. Alrededor de un edificio sin ventanas y con una sola puerta, marchaba una docena de hombres de aspecto patibulario con carabinas cruzadas en el pecho.

Esos ciudadanos —declaró el Comandante—, están resguardando el tesoro. Vaya y hable con ellos Señor Cuervo. Vaya dígales que este pueblo que ellos aman con todo el corazón va a continuar muriéndose y convirtiéndose día a día en un puñado de casas vacías, habitadas por fantasmas que se beben sus propias lágrimas para prolongar su existencia un instante más. ¿Tiene usted el corazón para arrancarles del alma a nuestros niños la sonrisa de la esperanza, Señor Cuervo? Yo no lo creo. Pero si estoy equivocado vaya y hable con los hombres de las carabinas y dígales que el burro le pertenece, y que el oro le pertenece, y que en consecuencia, la vida de Palma Vieja le pertenece. Yo en su lugar no lo haría porque puede ser que ellos lo tomen por un ladrón y lo fusilen antes de la inuguración.

Iba a protestar Sóstenes, pero se detuvo al ser rodeado por los carabineros. —Lo siento —dijo el Comandante—, pero va a tener usted que aceptar la hospitalidad de nuestro calabozo hasta que se terminen los pozos. Ya le mandamos un telegrama a la compañía que se ve a encargar de todo. Le pido disculpas de nuevo, General Cuervo, en nombre de nuestro pueblo. Y ahora con su permiso, la ceremonia de inauguración tiene que efectuarse.

Mientras Sóstenes era escoltado a la cárcel, el Comandante condujo de las bridas al nuevo gobierno hasta el estrado. En cuanto estuvieron en la visión del público, una explosión de aplausos hizo temblar la plaza entera.

pepe aguilar01¡Ciudadanos! —gritó el Comandante.

El aplauso no lo dejó continuar.

¡Ciudadanos! —volvió a gritar, al mismo tiempo que pedía silencio con los brazos—. ¡Ciudadanos! ¡Tengo el honor de presentarles a nuestro nuevo Presidente y su despampanante y amada esposa!

La atronadora ovación que se suscitó le hubiera espantado los temblores a Richter y a Mercalli juntos si hubieran estado ahí.

¡Ciudadanos! ¡Viva el burro!

¡Viva! —contestó el pueblo con todo el aire de sus pulmones.

¡Viva la burra, ciudadanos!

¡Viva!

¡Viva La Pareja Sagrada, ciudadanos!

¡Viva!

¡Vivan Los Santos Animales, ciudadanos!

¡Vivan!

latin-singer-pepe-aguilar-is-honoured-with_5884677¡Ciudadanos! ¡Ciudadanos! Ciudadanos! Este glorioso día será celebrado cada año en nuestra posteridad. De hoy en adelante, cada generación conmemorará el momento cuando Palma Vieja emergió de las cenizas de su destino y subió al éter a tocar en las puertas divinas del cielo para agradecer a La Divina Providencia la generosidad de este milagro.

CONTINUARÁ

REMIGIO SOL 2013 ©          

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