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LA VENTA DE PLÁCIDO

EL ÚLTIMO CRISTERO

CAPÍTULO VEINTIUNO

LA VENTA DE PLÁCIDO

Frijol (4)Adornaba la falda del Cerro del Techalote una hectárea de frijol que ya estaba en ejote. Era tierra de riego, por eso se podía sembrar sin esperar la lluvia del cielo. Curveaban los surcos el terreno como si los hubieran colgado uno trás otro, así como se acomodan las hileras de esmeraldas en un collar.

niño campesino-rivera—¡Ire, Apá! ¡Allá junto al palo blanco! ¡Ire! —gritó Benjamín—. ¡Una bola verde bien grandota! Parece que va rodando pa’l arroyo.

Dirigió el padre la vista hacia la falda de la loma que venían bajando los cuatro —ellos dos y dos mulas.

EvoMorales_1383933cNó, no va rodando —aclaró—. Más bien parece que se va arrastrando, hijo.

¡Córrale, Apá! —brincó Benjamín de la mula que montaba —. ¡Vamos a ver qué es!

¡Pérate, hijo! ¡Pérate! ¿No ves que puede ser un espanto?

Benjamín ya no lo alcanzó a oír. Como un chivo desbocado bajó casi en línea recta la pendiente. Brincando peñas y troncos caídos; sorteando sólo lo que estaba demasiado alto para saltarlo. Ya en terreno parejo, el tamaño de la bola lo hizo detenerse a unos cuantos pasos de ella. Jadeando se inclinó y examinó el rastro.

¡Son güellas de burro, Apá! —gritó. Pero su padre no lo pudo oír porque todavía venía a media loma con las mulas.

Plácido avanzaba completamente a ciegas; sin iLLAVERO DE LA MUERTEntención ni rumbo. Su instinto lo mantenía ocupado sólo en respirar como podía para no morir asfixiado. El borde del arroyo lo llamaba. Parecía la muerte querer vengarse de los veces que él y su amo la habían retado en las orillas de los precipicios. El viento comenzó a soplar a su espalda, empujando su avance. Sólo unos cuantos pasos lo separaban de la orilla.

¡Córrale, Apá! ¡Ire! ¡Se va a caer al arroyo! ¿Qué hago, Apá?

¡Pos atájalo, sonzo! —apareció Gerundio cabestreando las mulas por entre unos romerillos—. ¡Córrele! ¡Atájalo!

Benjamín corrió y se paró en el metro de terreno que quedaba entre Plácido y el borde del arroyo. —¡Oh! ¡Oh! — gritó. Pero Plácido no podía oírlo con toda la pegarropa que Procopio le había pegado alrededor de las orejas y seguía avanzando.

¡Oh, burro! ¡Oh, bola verde! —insistió el muchacho. Pero el burro no se daba cuenta de nada.

¡Oh! ¡Oh! —le puso los brazos alrededor. Plácido sintió que había topado con algo, pero siguió empujando. Cuando el muchacho se dio cuenta de que el asno no iba a detenerse trató de quitarse de su camino, pero la bola se la había adherido a la ropa como si fuera velcro.

Caravaggio’s screaming boy¡Búigale, Apá! ¡Ayúdeme! —gimoteó aterrorizado cuando Plácido dio dos pasos más y lo hizo a él quedar con un pie ya colgando en el viento.

El padre como pudo metió las manos por detrás de la bola. Encontró la cola de Plácido y comenzó a jalar con todas sus fuerzas. —¡Ceja!—ordenó con toda su alma—. —Ceja, burro sonzo! Tá bien que te queras suicidar tú, !pero de pasada queres suicidar al Benja tamién! ¡Ceja!


donkey boy christmas 1El primer instinto del asno fue patear al que le jalaba el rabo, pero la pegarropa se lo impidió. Para minimizar el dolor que le causaba el tirón, Plácido se detuvo y comenzó a retroceder. Cuando estuvo ya a una distancia segura, el padre ayudó a su hijo a despegarse de la bola. Luego entre los dos le quitaron al asno la pegarropa.

¡Tá bien bonito el burro, Apá !—exclamó Benjamín—. Ire, tiene una pata blanca.

Hey—le contestó su padre—. ¿Quén serían los maloras que le pusieron la pegarropa, oyes?

Sabe, Apá. Pero está bien bonito. Nosotros le salvamos la vida. Ora tenemos que jallar al dueño pa’ dárselo, Apá.

Hey. Pero Pos este animal no tiene marcas de ninguna clase. Va a estar trabajoso que jállenos al dueño, oyes. Mejor vamos a vendelo. Más pa’llá del Vergel, casi llegando a Súchil, hay un matadero de mostrencos. Vamos a vendelo allí.

NIÑO CAMPESINO CON SOMBRERO DE PALMA¡No, Apá! ¡Cómo cré, oiga! ¿Después de que le salvamos la vida usté lo quere vender pa’ que lo maten los mostrencos?

EVO MORALES APUNTÁDOSE A SÍ MISMOPos… tú sabes que orita necesitamos los centavos pa’ curar a tu amá. Además, la judicial nos puede acusar de que nos lo robamos. Es mejor que lo véndanos.

No, Apá. No está bien. Vamos a dejalo aquí mejor, Apá.

¿Y con qué vamos a curar a tu amá? No me vas a dicir que te importa más la vida de un burro que la de tu propia madre, oyes.

No, Apá. Déjelo aquí. No es de nosotros. Mire, se ve bien contento de que le quitamos la pegarropa. En cuanto a mi amá, podemos vender una de las mulas allá en el rancho pa’ comprale las medecinas, oiga.

SÚCHIL DURANGONo, no seas armao —finalizó el padre. Y sin escuchar más lasCABALLO TRASPORTE03 protestas de su hijo encaminó las bestias hacia el norte. Pasaron El Vergel y ya casi en las inmediaciones de Súchil encontraron el matadero. Ciento cincuenta pesos les dieron por Plácido.

CONTINUARÁ

EL TRÍO LOS BURROS DEL NORTE TOMANDO CAFÉ

REMIGIO SOL 2013 ©

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