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LOS MOSTRENCOS

EL ÚLTIMO CRISTERO

CAPÍTULO VEINTIDÓS

LOS MOSTRENCOS

andy_white_sands_jumping_fenceHasta el pueblo de Vicente Guerrero llegó Sóstenes buscando a Plácido. Atravesó luego varios barbechos y brincó algunos potreros para ahorrarse las vueltas que daba el camino. No dejaban sus ojos de escudriñar el LABARADOR ASEGUNDANDO CON SU YUNTAhorizonte con la esperanza de devisar a su amigo. Cerca de El Rancho Del Cura, junto a la brecha, se encontró a Gerundio y a Benjamín escardando una milpa.

Gúenas tardes les de Dios, oigan— les saludó—. ¿No han visto un burro pardo con una pata blanca?joven campesino gonzalez mendez

Yo sí lo vide —contestó Benjamín.

¿Ónde? —se le acercó Sóstenes—. ¿Ónde lo vites? ¿Cuándo lo vites?

Lo vide ayer en la tarde allá con los mostrencos que compran animales más pa’llá del Vergel.

jumping¡Me lleva! —exclamó Sóstenes, arrancando como un gamo asustado—. ¡Dios quera que no me lo haigan matao!

A todo lo que daba cruzó el viejo barbechos, llanos montes, y caminos. Y siguió corriendo hasta que no pudo más y cayó dando tumbos junto a un álamo. Su jadeo era tan rápido que sentía que se ahogaba._39337114_campesino203

¿Para dónde va tan a la carrera, oiga?

Desde el suelo volteó Sóstenes a ver al que le había hecho la pregunta.

Era aquel un hombre viejísimo. No dejaba de silbar la melodía de El Capiro mientras le quitaba la manea de las patas delanteras a un hermoso potro blanco.

¿Qué para dónde va tan recio, oiga? —insistió en saber—. ¿Lo vienen siguiendo?

77573-240x240No, no me vienen siguiendo —pudo contestar Sóstenes después de que se le emparejó el ritmo de la respiración—. Voy a ver si alcanzo a mi burro antes de que me lo maten allá con los mostrencos, oiga.

Uh, pero pues eso está muy lejos, oiga. Y así como va usted de recio lo más seguro es que no alcance a llegar.

Pos sí—dijo Sóstenes—. Pero tengo que hacer lo que pueda pa’ salvale la vida a mi amigo. ¿No trai agua?

CABALLO BLANCO CON GAMARRAHey, si traigo, tenga— le dijo dándole una cantimplora—. Beba y llévesela. Mi caballo sabe de en pelo y de bozal; lléveselo también. Ay después me lo trai junto con la caramayola.

Dios se lo pague, tengá —le dijo Sóstenes, saltando sobre el caballo—. ¿Ónde lo puedo jallar pa’ devolvele su cuaco y l’ánfora, oiga?

Vivo en El Agua De La Vieja. Allí me encuentra, oiga.

Joseph up hill-hatAgazapado sobre el lomo del animal a galope tendido, salió disparado Sóstenes. Ya estaba cayendo el sol cuando devisó el campo de los mostrencos. Con el corazón queriendo escapársele, le exigió al blanco todo lo que le quedaba y lo lanzó hacia adelante.

NICO CGAE¡Échenme el que sigue! —gritó un hombre joven que tenía un hacha en las manos. Traía el individuo la camisa desabrochada. Todo su cuerpo, chaparro y gordo, sudaba copiosamente—. ¡Échenme el que sigue! ¡Échenme al burro gordo que tiene una pata blanca!

Los detenedores —como se les llamaba a los ayudantes— lasaron a Plácido y lo forzaron a acercarse al asesino. Pero el burro gordo 12675207-illustration-of-a-cartoon-donkey-isolated-on-a-white-backgroundde la pata blanca estaba dispuesto a vender muy cara su vida. Al que estaba detrás de él le dio una tremenda coz en el vientre, y al que lo detenía del cuello le mordió las llantas que le colgaban alrededor de la cintura, trayéndose un pedazo de manteca entre sus enormes y filosos dientes. Escupió Plácido el maloliente cebo y comenzó a rebuznar estrepitosamente mientras el tercer detenedor retrocedía aterrorizado, y los otros dos se retorcían de dolor.

¡El méndigo burro gordo tiene el Diablo!—gritaba el del hacha—. ¡Vengan ayúdenos a detenerlo, oigan! ¡Córranle!

0000480473De los corrales adyacentes llegaron los destazadores y los demás trabajadores del matadero. Cuando por fin lograron inmovilizar a Plácido con más de una docena de reatas, cinco de ellos sangraban copiosamente del rostro; dos tenían las costillas rotas y casi todos tenían las pezuñas del asno marcadas en alguna parte del cuerpo.

¡Deténganmelo! ¡Asina, deténganmelo al méndigo! — vociferó el matador. cageCon la mano izquierda agarró una de las orejas de Plácido, y con la derecha le acercó el hacha. Centelleaba el sol en el filo del símbolo de la muerte. Se estremecía el asno al presentir la negra intención de su agresor.

CONTINUARÁ

REMIGIO SOL 2013 ©

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3 comentarios el “LOS MOSTRENCOS

  1. Aajajaja me encanta artista me has hecho reír y este lenguaje es genial ajajaja me has recordado a aquellos pueblerinos hace años!
    Un beso Remigio sol

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