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EL RESCATE DE PLÁCIDO

EL ÚLTIMO CRISTERO

CAPÍTULO VEINTITRÉS

EL RESCATE DE PLÁCIDO

VERDUGO ENCAPUHADO¡Suelta la’cha, Desgraciao! —clamó la voz de Sóstenes desde la nube de polvo que se acercaba como un rayo por la vereda—. ¡Suéltala o te atravieso la frente de una treinta y una! —desmontó el viejo de un salto con el cuchillo en la mano a la altura del hombro, deteniéndolo por la hoja, listo para lanzarlo.

El matador soltó la oreja del asno y el hacha y dio un paso atrás.

¿Pos qué trai, hombre? ¿Tá loco o qué, oiga?

SILUETA DE HOMBRE ON SOMBRERO MIRANDO EL HORIZONTE¡Loco estoy !—contestó Sóstenes—. ¡Y ustedes! —se dirigió a los que detenían a Plácido—, suelten a mi amigo si no queren dejar su rancho lleno de viudas.

Asustados ante la mirada del viejo, fueron los hombres quitándole las sogas a Plácido hasta dejarlo libre

¡Ay tá su burro, hombre! —decían, caminando hacia atrás—. ¡Ay tá, ay tá!

¿Qué demonios sucede aquí? —preguntó un hombre joven que se acercaba a PABLO MONTERO EN UNIFORME MILITARgrandes zancadas. Vestía un elegante uniforme militar y se golpeaba suavemente la palma izquierda con una cuarta.

Pos aquí este loco, Capitán —contestó el matador recogiendo su hacha del suelo y avanzando hacia Sóstenes—. Aquí este loco que llegó amenazándonos de muerte.

El capitán soltó la cuarta y su mano voló a la cacha de la pistola que llevaba en la cintura, pero ahí detuvo su movimiento al ver los ojos de Sóstenes invitándolo a continuar.

¡Sáquela, Capitán! ¡Ándele, sáquela y verá cómo le atravieso el corazón con una treinta yPINTURA DE CHARLES BRONSON una, oiga!. Digo, si es que tiene usté corazón, que yo no creo. Porque si lo tuviera no permitiría que estos desgraciaos maten a estos pobres animales después de que ellos nos ayudan a acarriar l’agua y la leña que ocupamos en nuestras casas. Sobre su lomo nuestros niños aprenden a conocer el mundo. Con ellos sembramos, y con ellos acarriamos la cosecha pa’ nuestras casas. Los caballos, los burros y las mulas son los mejores amigos que Dios nos ha dao. Naiden tiene derecho de asesinalos asina.

El capitán volvió a acariciar la cacha de su pistola, pero la voz de un anciano que observaba todo sentado en una piedra lo hizo detenerse:

Ni lo intentes, vale —le dijo al militar—. Ese loco te va a ganar en la sacada y no jierra tiro con el cuchillo.

¿Lo conoce usted? —preguntó el Capitán.

ANCIANO CON BARBA CORTA Y SOMBREROSí —contestó el anciano—. Se llama Sóstenes Cuervo. Cuando la Guerra de Los Cristeros le decían El Cuervo De Sierra Prieta. El gobierno le tenía un miedo de la fregada. Dicen que hasta el mismo Plutarco Elías Calles se echaba a temblar cuando lo oía mentar.

¿Es él!—exclamó el Capitán, retirando la mano de la cacha y metiendo ambos pulgares en la hebilla de su cinto.

JINETE EN CABALLO PARADO EN LAS PATAS TRASERASAbrió Sóstenes la puerta del corral y arreó a todas las bestias rumbo a la sierra con Plácido guiándolas. Se montó luego en su caballo blanco.

¡Y vivo en Minasanta, pa’ lo que gusten mandar! —les gritó mientras el potro levantaba las patas delanteras y lanzaba un relincho. Se fue luego trás la polvareda que llevaba la manada de ex sentenciados a muerte.

¿Qué no lo va usté a seguir, Capitán? —preguntó uno de los destazadores.

PABLO MONTERO MILITAR¡Lleven al matador y a los demás heridos al médico! —ordenó el militar—. Al Cuervo De Sierra Prieta no lo voy a seguir por tres razones: La primera es que tiene razón. La segunda es que está loco y no se tentaría el corazón para hacernos correr a todos cómo gallinas. La tercera es que ese hombre es una leyenda viviente. Cualquier daño que le hagamos nos va a crear muchos enemigos dentro y fuera del ejército.

Tres días le llevó a Sóstenes llegar a la ondonada donde quería dejar las bestias. Era un llano escondido trás las montañas más escarapadas de la sierra.

charles bronson sadAquí no viene naiden —le dijo a Plácido—. Nomás los indios a veces, pero ellos no les van a’cer daño. Ay t’encargo a tus hermanos. Cuídalos bien, ¿tengás? De vez en cuando voy a venir a visitarte. Abrazó al asno. —Que Dios te cuide, Plácido, amigo mío. Tú eres el mejor amigoque yo jamás tuve. Por eso te dejoburros (1) aquí en este llano tan hermoso con tus hermanos. Pa’ que vivas libre como el viento, y la ignorancia de la gente no te haga daño. Adiós, hermano Plácido.

Montó el viejo sollozando sobre el potro blanco y se alejó rumbo a las laderas del oriente de La Sierra De Las Ánimas.

CONTINUARÁ

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REMIGIO SOL 2013 ©

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