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DOS TUMBAS MÁS JUNTO AL RÍO

EL CUERVO JÚNIOR

CAPÍTULO CINCO

RIO REVUELTO¡Mueve los pies, muchacha! —le ordenó Graciano a Petrita acercándose a ella. La agarró luego del brazo y la llevó hasta la margen americana, donde ya estaban todos los demás esperándolos.

EL RAMBO EN CAMISETA SIN MANGAS Y CON COLLAREra Graciano Avendaño alto y corpulento. Tenía el pelo largo y negro, y nunca se lo peinaba. Sus ojos eran cafés y reflejaban una profunda inteligencia. Había aprendido las tácticas de preparación física y avance cuando estuvo en las Fuerzas Armadas.

Se llevó su grupo río arriba por entre los breñalesAnsel-Adams-Freeway de los llanos Texanos. A veces se alejaban del río, luego volvían a acercarse. Caminaron sin descanso por diez horas y pasaron la noche escondidos en un arroyo. Al amanecer continuaron su camino. Cruzaban arrastrándose los cercos de alambre de púas, y los caminos pavimentados corriendo a toda velocidad. Sería mediodía cuando Graciano se detuvo.

Aquí nos despedimos del río—dijo—. Lo que nos queda de camino es todo hacia el norte. Cámbiense aquí de zapatos los que traigan hinchados los pies.

El grupo completo comenzó a desabrocharse las botas. De sus mochilas sacaron otro par y se lo pusieron. Todos hicieron lo mismo, menos Petrita. Ella se volvió a poner las mismas botas que traía.

¿Qué pasa, muchacha?—le preguntó Graciano—. ¿No te vas a cambiar de zapatos? Se ve que ya apenas te caben los pies en esas botas.

ZAPATILLAS ANARNJADASAsina está bien —contestó ella.

Se acercó Graciano y le quitó la mochila. Abrió el cierre y sacó un par de zapatillas anaranjadas de tacón alto.

¿Son estos los zapatos que compraste con el dinero que te presté?

Pos es que… pos es que estos se me hicieron muy bonitos, oiga.

¿Y con esas zapatillas piensas andar el resto del camino?

Asina me voy con las botas. N…no me aprietan tanto.

¡Quítatelas!—ordenó Graciano.

Sonrojada y confundida, Petrita se volvió a quitar las botas.

Graciano sacó un cuchillo y le hizo un corte en cruz a cada una en el centro. —Yo creo que con eso alcanzas a llegar—le dijo—. Póntelas y vámonos.

EL HOMBRE DEL RIFLE A COLOR CON SU WINCHESTER APUNTANDOSe disponía Petrita a obedecer cuando oyeron los pasos del caballo acercándose. El que montaba era un hombre alto y enjuto vestido de vaquero. Debía tener ya más de cincuenta años. La mitad de su pelo era todavía rubio. Sus ojos eran de un azul profundo. Traía un rifle en la mano y lo apuntaba hacia el pecho de Graciano.

Ustedes no tener derecho de pasar por aquí —dijo.

Graciano lo midió cuidadosamente con la mirada.

Nosotros pasamos por donde necesitamos pasar —le contestó.

BALA BROTANDO DE PISTOLARiflemanLo que pasó enseguida estaba ya escrito con sangre en el destino. Era una página más en la historia del Río Bravo. Graciano y el hombre comenzaron a discutir en Inglés. Primero fue acaloradamente, luego sus voces se fueron vaciando de palabras y llenándose de tensión. Quedaron en silencio por un instante. Al tiempo que el jinete amartillaba el rifle, Graciano desenfundó la pistola. Pareció que el jinete había jalado primero el gatillo, pero los dos balazos se oyeron como si hubieran sido uno sólo.

Se callaron los pájaros y el viento. Y hasta el mismo río enmudeció al instante que Graciano Avendaño caía hacia atrás herido de muerte. También el jinete se desplomó con las manos en el pecho al desmontar.

MOJADOS CAMINANDO JUNTO A ACEQUIA¡Váyanse!—ordenó Graciano desde el suelo—. ¡Sigan la ruta que les indique el mapa! ¡Cuando lleguen al rancho pregunten por Eloy! ¡Váyanse!

Reaccionando a la autoridad de su líder, el grupo comenzó a alejarse lentamente, pero no iban todos. Petrita se arrodilló llorando junto a Graciano.

¡Vete, muchacha! —le ordenó.

griefNo, oiga. No lo puedo dejar aquí solo. Perdóneme por desobedecerlo, pero me voy a quedar aquí con usté.

La voz de Graciano comenzó a quebrarse.

Que te… vayas…te digo.

Un hilillo de sangre comenzó a salir de su boca.

No hay nada que puedas hacer por mí. Me… me estoy… muriendo.

GENELIA D'SOUZA PREOCUPADACon el pañuelo que había estado secando sus lágrimas, Petrita le limpiaba la sangre.

No, Graciano. Usté no se puede morir. Usté es muy importante pa’ nosotros los pobres.

Ve por … favor a ver… si puedes ayudar al gabacho.

Petrita se puso de pie y desapareció de la vista del moribundo. Volvió enseguida.

Está muerto—dijo en un susurro.

bde44102_John_Rambo_-_Sylvester_StalloneLo siento —dijo Graciano—. Yo no lo quería matar. Yo… so…lo quería herirlo, pe…ro el caballo se movió cuando él jaló el gatillo. Fue un… accidente. Que Di…os me perdone… Su voz se iba haciendo inaudible.

Petrita sollozaba y rezaba junto a él.

Sacando el último aliento de vida que le quedaba, Graciano logró articular su adiós:

—Por eso amo a mi raza, muchacha. Porque mi raza es como tú. Mi raza no deja que sus heridos se mueran solos. Ya que cierre los ojos me entierras aquí junto al río. Para oír el murmullo del agua y los pasos y las pláticas de los mojados cuando pasen. Dile a mi esposa que la amo con todo mi corazón. Y que me despedí del mundo muy orgulloso de quedar en la raya…ayudando…a…mi gente…

MUCHACHA CAVANDPetrita le cerró los ojos. En el mismo sitio dondeTUMBAS DE TIERRA CON CRICES SIN NOMBRE habí caído, cavó con su cuchillo una tumba para el Coyote. A unos pasos de él sepultó también al otro muerto. Hizo dos cruces de mezquite y las clavó en las cabeceras. Después, a la luz de las estrellas se fue siguiendo el rumbo que habían tomado los demás.

CONTINUARÁ

REMIGIO SOL 2013 ©

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