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LA MUDA ENEDINA

EL CUERVO JÚNIOR

CAPÍTULO NUEVE

gbuMelchor Wilson era inglés y usaba un turbante. Gaspar Édison era anglosajón y usaba una tiara con piedras de imitación. Baltazar Arreburro era mexicano —para desgracia de nuestra raza— y usaba una cachucha con la visera hacia atrás. Los tres eran conocidos en el bajo mundo de la frontera como Los Reyes Vagos. Se dedicaban a asaltar y asesinar con todo lujo de crueldad a la gente que intentaba o acababa de cruzar la línea divisoria. Su sangrienta historia era conocida desde California hasta Texas. La Interpol ofrecía una cuantiosa recompensa por cualquier información que ayudara a su captura.

Los Reyes Vagos no conocían los escrúpulos cuando se trataba de torturar a sus víctimas. Ninguno de los tres le temía a las leyes de Dios ni a las de los Hombres. Pero había alguien cuya sóla mención hacía temblar a Melchor, Gaspar, y Baltazar. Ese alguien era La Muda Enedina.

Wanted-Poster-alice-in-wonderland-2009-9729629-355-532La Muda Enedina era una mujer que hacía cinco años habíainterpol-logo venido de España acompañada de su esposo y sus dos hijos a conocer los Estados Unidos. Habían cruzado a México a comprar artesanías y decidieron caminar un rato junto al río. Los Reyes Vagos los asaltaron.

Alguien había encontrado a Enedina atorada en las raíces de un álamo tres días después. Los doctores le salvaron la vida, pero perdió el habla y quedó semi—paralítica. Tenía que usar muletas para andar. Desde que salió del hospital se había dedicado a buscar a los criminales que habían matado a quien ella amaba. Varias veces había estado a punto de encontrarlos, pero en el último instante se le escapaban. Sin embargo, su afán de venganza no había sido del todo en vano. Buscando a Los Reyes Vagos se había encontrado a otros criminales violentos de la frontera y los había ejecutado. Ya incluía la lista de muertos de La Muda Enedina a cuatro asesinos y siete violadores. La Policía de Coahuila y Chihuahua sabía donde encontrarla, pero preferían dejarla en paz para que continuara su guerra.

genelia-dsouza-hot-wallpaper05Estaba ya oscureciendo cuando los Reyes Vagos divisaron a Petrita que se acercaba por la orilla del río. —Vamos a escondernos detrás de esos árboles —dijo Melchor frotándose las manos al ver que venía sola.

—Yeah, yeah—dijo Gaspar.

Se agazaparon detrás de unos sauces y se quedaron quietos esperando oír los pasos. Pasó mucho más tiempo del que ellos habían esperado Petrita iba a necesitar para llegar hasta ahí. Se asomaron río arriba y no la vieron.

—¡Allá va! —exclamó Melchor al descubrir la silueta de la joven alejándose río abajo.

Pasó enfrente de nuestras narices y no la oímos—dijo Gaspar—. ¡No comprendo!

¡Vamos a alcanzarla!—dijo Baltazar—. Acaba de dar vuelta donde tuerce el río.

LOS OJOS DEL BUENO EL MALO Y EL FEOA toda carrera se fueron hacia la curva, pero al llegar ahí no se divisaba ya Petrita. Con la experiencia diabólica que tenían para perseguir a sus víctimas, comenzaron a buscar las huellas, pero no las encontraban. Se miraban desconcertados uno al otro. No hablaban porque temían que ella estuviera escondida cerca y no querían delatarse. A señas se pusieron de acuerdo para continuar buscando el rastro.

Después de varios minutos, Baltazar chasqueó los dedos y les hizo la seña a los otros. —Aquí van las huellas —les dijo en voz baja—. Pero están muy raras. Parece que va arrastrando los pies.

Debe ir cansada—dijo Melchor.

Entrre más cansada mejor—dijo Gaspar—. Vamos a agarrarrla.

Se fueron siguiendo las huellas que se alejaban del río y subían por una pequeña loma. Ya casi en la cumbre descubrieron la fogata. Junto a la lumbre estaba el pequeño bulto cubierto con una colchoneta. De puntillas se acercaron y se arrodillaron alrededor del bulto. Entre dos de ellos jalaron la colchoneta hacia abajo. Se quedaron atónitos ante el tronco de pirul que encontraron. Fue entonces cuando sí oyeron los pasos, eran kristen-mcmenamy1pasos que se arrastraban. Los tres asesinos se echaron a temblar y a llorar —y a orinarse— de miedo, cuando al voltear vieron recortándose contra el resplandor de la fogata la silueta de una mujer alta y delgada deteniéndose en unas muletas. Su pelo blanco y largo le caía encima de la cara. Un odio mortal brillaba en sus ojos vidriosos. La flanqueaban tres feroces mastines y un cancerbero, cuyas fauces babeaban mientras gruñían y enseñaban los dientes. Traía un machete en una mano y una pistola en la otra La Muda Enedina.

CONTINUARÁ

REMIGIO SOL 2013 ©

PITBULL FEROZparro negor feroz308480_pitbullCANCERBERO ROTHWILERLA LLORONA

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10 comentarios el “LA MUDA ENEDINA

  1. Estás en mi selección para los Liebster Award… ¡Felicidades!
    http://www.entendemos.wordpress.com

  2. Pensar que antes me leían las cartitas…

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