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Alicia

TAXI 19StandardTaxi_550x319SantaClaraCitySeal

CHOFER: Leonardo Godoy

CIUDAD: Santa Clara California

covcustomDOCAún en aquel overol anaranjado, Alicia seguía siendo la mujer más bella del orbe. Aquel grillete en su tobillo parecía una ajorca de plata. Y la bola de acero en el otro extremo de la cadena bien podía ser el mundo a sus pies.

La vi solamente un instante por el rabillo del ojo, puesto que iba yo conduciendo a setenta millas por hora, pero mi corazón no podía engañarme, era ella; tan gordita y con sus trenzas como siempre, tenía que ser ella.

Me salí en la siguiente rampa; me regresé por la calle y volví a entrar en la autopista hacia donde estaba Alicia.

ballandchainCon un azadón en sus manitas, el amor de mi vida desyerbaba el flanco derecho del camino, arrastrando aquella bola de hierro oxidado.

¡Súbete! —le grité, al tiempo que frenaba abruptamente—, ¡súbete!

Con un salto de conejo asustado se subió Alicia a mi taxi, y con la bola arrastrando aún en al puerta abierta arranqué quemando los neumáticos.

tumblr_lrsfn6amN41qhzxkyPor treinta años te estado buscando —le dije—. Pero ahora ya nada ni nadie podrá separarme de ti.

Alicia no contestaba. Iba acurrucada en el piso del coche para no ser vista desde afuera.

Conmigo hablando sin cesar y con Alicia sollozando escondida llegamos al rancho de mi amigo Bernardo.

Tengo que irme enseguida porque es posible que me vengan siguiendo y no quiero perder a Alicia otra vez —le dije a mi amigo—. Tú eras herrero allá en nuestro pueblo. Quítale el grillete y cuídala mientras regreso por ella.

Quise abrazar a Alicia cuando se bajó del coche, pero ella —cabizbaja— se metió rauda a un granero cargando su pesada bola.

* * *

White Collar 2x14 (2519)En mi overol anaranjado —y mi azadón— seguía siendo yo —estoy seguro— el más sonzo en todo el orbe.

Me sentenciaron a siete años de cárcel y trabajos comunitarios forzados por haber ayudado a escapar a Casimira Altamira, la asaltante de bancos más célebre en la historia del condado. A mi amigo Bernardo lo habían soltado después de tres meses por haber sido su participación menor en la fuga de Casimira Altamira, quien le dio las gracias después de que le quitó el grillete, desapareciendo enseguida en el bosque adyacente al rancho.

Hacía ya casi un año desde aquel fatídico día en que mi obsesión por encontrar a la novia de mi infancia me había convertido en un criminal.

Poco a poco se fue acercando aquel carro oscuro con sellos del gobierno en las puertas, y se detuvo frente a mí. Conducía un chofer uniformado, y a su lado iba una elegante mujer —mal encachada, pero sonriente— entrada un poco en años, y un poco baja de peso.

20110125_bachmann5_53Súbete, —me ordenó la mujer.

Arrojé el azadón al suelo  y con un salto de conejo asustado me subí cargando mi bola de fierro.

Viajamos en silencio hasta detenernos frente a la Corte Municipal.

Bájate, —me ordenó la mujer.

Con un salto de conejo asustado me bajé cargando mi bola de fierro.

La sala estaba llena de reporteros y agentes del gobierno.

Tiene la palabra la defensa —otorgó el juez después de que el fiscal presentó los cargos en mi contra.

michele_bachmannDebido a que los derechos constitucionales de mi cliente fueron violados —declaró la mujer que me había llevado ahí—, exijo el retiro de los cargos contra él y su libertad inmediata.

¿En qué se basa usted para hacer tal acusación, abogada? —preguntó el juez.

michele_bachmann_opens_up-460x307Tengo pruebas irrefutables de que mi cliente fue discriminado racialmente en su juicio inicial, ya que no se le proveyó con la representación legal adecuada a la que todo ciudadano tiene derecho, mientras que a otros reos anglosajones sí se les asignó un abogado profesional. Mi cliente tiene derecho a demandar por discriminación racial en la Corte Suprema al Fiscal de Distrito.

El juez miró severamente al fiscal y le ordenó acercarse. Después de unos minutos, el juez anunció mi libertad a cambio de que yo no llevara el caso de discriminación a Sacramento.

tumblr_lq8zhpMqTv1r0zqe8o1_500Sin grillete y sin bola de metal salí de la cárcel tres horas después. Esperándome afuera —ya sin su chofer— estaba la abogada que me había liberado. Me abrió la puerta de su coche particular y me ofreció el asiento junto a ella.

michele_bachmann_ap--300x300¿Sabes quién soy? —me preguntó viéndome a los ojos.

Ah, pues me recuerda usted a alguien, pero no sé exactamente a quién.

Soy Alicia…

REMIGIO SOL 2013 ©

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