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La Noche Del Doberman

TAXI 15MUJER RUBIA CON LENTES OSCUROS Y CAMISETA DE TAXISTACity_of_Irvine_Official_City_Seal

CIUDAD: Irvine California

CHOFER: Eulalia Salvatierra

NUMBER 17La Diecisiete —como la llamaban sus compañeros taxistas— tenía treinta años de edad, y cinco de casada. Y la verdad es que para ella esos cinco años eran ya muchos. Muchos reproches y muchos defectos de su marido, quien lo único que le decía cuando llegaba cada noche era:

“—¿Y cuándo vas a cambiar de trabajo? Ya sabes que me cae gordo que seas taxista. Tengo pendiente que te pase algo”.

300_0_por-hombre-mujer-discutiendo“— ¿Ah, sí? —le contestaba ella—, ¿si tanto pendiente tienes por qué no me quitas de trabajar para que vuelva a la escuela?”.

Y de ahí la conversación se torcía toda y acababan levantándose la voz, insultándose mutuamente cada quien desde su cama.

Ya había hablado Eulalia con los Elders de su congregación, abrigando la esperanza de que la autorizaran a divorciarse de él.

“—¿Te ataca físicamente?” —le preguntaron.

“—No”.

“—¿Te es infiel?”.

“—No”.

“—¿Contribuye a tu sostenimiento con lo que gana en su trabajo?”.

“—Sí”.

CUATRO GERENTES HOMBRES“—Entonces no tienes base bíblica para separarte de él —le habían dicho. Si lo hicieras estarías faltando a los principios fundamentales del cristianismo. Tu deber de esposa es el de arreglar tus problemas de pareja; no el de huir de ellos”.

‘—Claro’ —pensaba ella—. ‘Como ellos no tiene que lidiar con la indiferencia y los reclamos todos los días’.

U059433 Robert Pattinson in NY BORRACHOA la vuelta de una esquina vio de pronto la Diecisiete a alguien que le hacía señas para que parara. No lo podía creer: ¡era el tenor Martín Pianoforte! Borracho y todo; con la camisa de fuera y todo. ¡Pero era él!

Se detuvo y se bajó a abrirle la puerta. Sintió la tentación de pedirle que se sentara adelante con ella, pero no se atrevió.

“—¿Te he vi… sto antes?” —le preguntó él.

“—No, no creo. Pero yo a usted sí lo he visto en la tele. Tengo el disco que grabó con la filarmónica”.

“—¿Es cierto eso? Mi… mira, qué bien ¿eh?. Pero tú te me haces co… conocida. Te pareces mucho a la ladrona que me robó mi ca… mi cartera la otra noche”.

“—No, ¿cómo cree, Don Martín? Yo soy incapaz de robar. En miMUJER JOVEN MANEJANDO driving-classes congregación me han enseñado a respetar lo ajeno”.

“—Tienes razón. Un ángel… como tú no podría robar. Aunque estoy seguro; MUY seg… uro que con esos ojos y esa sonrisa le andas robando el corazón a medio mundo ¿eh?”.

‘—¡Oh my God!’ —pensó ella—. ‘Se me está declarando. Ojalá no note que ya me ruboricé toda’.

“—Mi… mi… ra, princesa —le tartamudeó él al llegar a su casa—, esta… ciónate y ayúdame por favor a subir los pel… peldaños porque ando MUY, muy borracho”.

Aquello era totalmente contra las reglas de la compañía y del sentido común. ¡Pero se trataba de Martín Pianoforte! No podía ella dejar escapar la oportunidad de “ayudarle” al joven tenor graduado en Europa que en el futuro reemplazaría a Luciano Pavarotti. ¡Sus amigas se morirían de envidia cuando se los contara! Se bajó y lo tomó del brazo. ¡Qué duros eran sus músculos! Y qué apuesto se veía así de cerquita. Apestaba a licor y a tabaco, pero ¿qué importaba? ¡era Martín Pianoforte!

“—Pa… pasa, princesa. Ahora te traigo tu dinero —le dijo él abriendo la puerta —. Cierra tus… ojitos porque tengo una sorpresa para ti”.

Se dio cuenta Eulalia que aquello no estaba bien. De echo, se dio cuenta de que estaba muy mal, pero ya cuando acordó tenía los ojos cerrados. ¿Qué sería la sorpresa? ¿Un nuevo disco? Una propina cuantiosa? ¿Un… beso en la mejilla…?

Sintió de pronto la palma del hombre estrellándose en su rostro y cayó de espaldas con la mitad de su cuerpo en los peldaños.

“—¡Tú eres la maldita ladrona que me robó mi cartera!” —le gritó Pianoforte, mientras abría la puerta del jardín. “¡Atácala, Fierabrás!” —le ordenó al perro.

doberman_pinscher corriendoEulalia La Diecisiete oyó la carrera del can que venía hacia ella. Se incorporó de un salto; y de un salto se metió al taxi por la puerta que había quedado abierta cuando se bajó Pianoforte. En cuanto la cerró vio las fauces babeantes y los Doberman endemoniadocolmillos del doberman que arañaba la ventana con frenesí. Jamás olvidaría el odio en los ojos del perro. Brincó al asiento de enfrente. Encendió el motor y salió en reversa quemando llanta. Sintió un hilillo de sangre brotando de sus labios. Se dio cuenta también de que tenía dos o tres 6665716-detalle-de-mujer-llora-con-lagrimasdientes flojos. Se estacionó en un rincón oscuro, y temblando violentamente se echó a llorar.

* * *

“—Qué bueno que vuelves temprano” —le dijo su esposo cuando llegó a su hogar—. He hablado con mis padres acerca de los problemas que tenemos tú y yo. Ellos me aconsejaron que cambie contigo; que te ponga más atención; que te ayude a volver a la escuela…”.

“—No digas nada, Miguel. No digas nada. Nadamás abrázame muy fuerte, muy fuerte, y no me sueltes nunca, nunca, nunca por favor. No me beses esta noche por favor. Yo te explico después, pero ahora abrázame y no me sueltes nunca jamás”.

abrazo EN BLANCO Y NEGROUnieron sus cuerpos en un abrazo y sus corazones en un solo latido. Se bañaron mutuamente el hombro de lágrimas.

Miguel rompió el silencio. “—Desde hoy todo va a ser diferente. Ya compré un par de boletos para llevarte al cine. Mañana se estrena la película La Noche del Doberman…

REMIGIO SOL 2013 ©

!LETRERO DE BIENVENIDA CON DOBERMAN - WELCOME SIGN WITH DOBERMAN

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